Carolina del Sur aprobó este lunes en una primera votación la retirada de la bandera confederada izada frente a su Parlamento. El que está mayoritariamente considerado como un símbolo racista ha seguido ondeando pese a las crecientes demandas de su retirada tras la matanza de nueve negros en una iglesia en Charleston por un supremacista blanco.

Por una ley que data del año 2000, la bandera forma parte de un monumento a los soldados confederados que lucharon en la guerra civil estadounidense. Al ser patrimonio histórico, cualquier cambio tiene que ser aprobado por una mayoría de dos tercios de la Asamblea General local.

El primer paso para ello fue dado este lunes. En la primera de dos votaciones para pasar el proyecto de ley que permitirá arriar la controvertida bandera, el Senado aprobó por 37 votos a favor y solo tres en contra la iniciativa. Queda todavía una segunda votación en la cámara alta, dominada por los republicanos, para ratificarla, que probablemente se realizará mañana martes.

Pero dado el contundente resultado de la primera votación, se da por descontado el éxito en la segunda vuelta. De ahí pasará, no antes del miércoles, a la Cámara baja estatal, también en manos republicanas y que a su vez tiene que darle su visto bueno antes de que pueda ser considerada una ley del estado.

No se prevén sin embargo grandes sorpresas, por lo que se espera que la propuesta pueda convertirse en ley esta misma semana. Ello supondrá un giro radical en un debate que hace menos de un mes se consideraba prácticamente tabú en un sur de Estados Unidos donde la bandera confederada sigue siendo ondeada con orgullo por una parte de la población (blanca) que la defiende como parte de su patrimonio. Pero la matanza de Charleston el 17 de junio, cuando el joven racista Dylann Roof entró en la histórica iglesia negra Emanuel de Charleston y mató a sangre fría a nueve feligreses renovó y cambió el tono de un debate nunca del todo apagado en EE UU.

Una semana después de la matanza, la gobernadora de Carolina del Sur, la republicana Nikki Hayley, provocó el cambio de rumbo clave. En rueda de prensa, declaró que había llegado el momento de retirar del perímetro del Capitolio en la capital del estado, Columbia, una bandera que “para muchos” de los ciudadanos de Carolina del Sur, reconoció, constituye “un símbolo profundamente ofensivo de un pasado brutalmente racista”.

Aprobar la retirada de la bandera “es lo correcto”, declaró este martes durante el primer debate el senador Vincent Sheheen. El demócrata, blanco, fue el que presentó la propuesta de ley que prevé enviar la bandera confederada a un museo militar local.

Entre las víctimas de la matanza estaba el pastor Clementa Pinckney, que también era un senador estatal. Mientras sus colegas debatían este martes la propuesta de ley, su mesa en el Senado permaneció este martes cubierta por un paño negro, reseñó Reuters.

Entre los que votaron en contra de la iniciativa está el senador republicano Lee Bright, quien advirtió de que la retirada de la bandera del Capitolio “no va a hacer nada para cambiar al país”. Ciertamente, expertos coinciden en que la división y racismo evidenciados en el debate sobre la bandera confederada requerirá mucho más que la retirada de este símbolo.

Muestra de ello fue el desafío de algunos espectadores en la primera carrera de NASCAR celebrada en un estado sureño desde que los organizadores pidieran que no se desplegara durante sus eventos la controvertida bandera. Aunque no llegaron a prohibir su uso, la organización se había ofrecido a cambiar a quien así lo aceptara la bandera confederada por una de EE UU. Pese a ello, durante la carrera celebrada el domingo en Daytona, Florida, decenas de espectadores ondearon desafiantes la bandera roja con aspas azules y estrellas blancas, según destacó la prensa estadounidense.

No obstante, el primer paso dado ahora en Carolina del Sur para que deje de ondear frente a su sede parlamentaria la bandera confederada ha sido celebrado como un hito.

“La bandera está cayendo. Requiere esfuerzo, ayuda y verdaderos patriotas”, tuiteó el activista por los derechos civiles y reverendo Jesse Jackson, que asistió al debate en el Senado.