Investigadores de la Universidad del Sur de Florida (USF) dieron a conocer ayer que han concluido el proceso de identificación de dos niños, cuyos cuerpos figuran entre los restos exhumados de 55 tumbas anónimas halladas en un antiguo reformatorio, en el noroeste de este estado.

El centro universitario señaló que, tras el cotejo del ADN de los menores con sus familiares, se ha podido concluir que los restos corresponden a Thomas Varnadoe, de 13 años, y Earl Wilson, de 12.

Con ellos ya son tres los menores identificados entre los restos mortales enterrados en el cementerio de un colegio reformatorio público ubicado en la localidad de Marianna, y que fue clausurado en 2011.

En agosto pasado ya fue identificado George Owen Smith, de 14 años, como otro de los menores del reformatorio público Arthur G. Dozier for Boys, y quien desapareció de este colegio en el año 1940.

Desde el año del cierre de este reformatorio, la USF examina y coteja los registros y las identidades de decenas de chicos que fueron enterrados en un reformatorio del centro, los cuales comenzaron a ser exhumados a finales de 2013.

Los investigadores señalaron este jueves en un comunicado que ambos menores murieron a las pocas semanas de haber ingresado al centro, el cual contaba con casetas de confinamiento y en donde se sospecha que algunos de los estudiantes sufrieron abusos y maltratos físicos.

Según el certificado de defunción, Varnadoe murió en 1934 a causa de neumonía, mientras que documentos judiciales señalan que Wilson falleció en 1944 como consecuencia de los golpes propiciados por cuatro de sus compañeros.

“La oportunidad de ofrecer los restos físicos y respuestas a los hermanos y hermanas de quienes murieron hace más de 70 años es un privilegio extraordinario”, indicó Erin Kimmerle, antropóloga forense y responsable del equipo de la USF, que lleva a cabo el trabajo de campo, excavaciones e investigación científica.

El antiguo reformatorio, que albergó también a huérfanos y a niños de hasta 5 años, es objeto de una investigación después de que antiguos alumnos de los años cincuenta y sesenta comenzaran en 2005 a denunciar que el personal y guardas infligían castigos físicos y abusaban sexualmente de ellos.

En 1929, el reformatorio disponía de un edificio de detención con once habitaciones de cemento y dos módulos (uno para estudiantes blancos y otro para negros) construido para albergar a los alumnos violentos.